Siento la necesidad imperiosa de escribir. Y aquí me hallo, frente a la pantalla, sin saber qué decir, o más bien, por dónde empezar. Es todo tan confuso en mi cabeza... Miles de pensamientos que luchan por ganar protagonismo, y al final siempre aparece el mismo. Odio ese pensamiento. Esa pregunta que me atormenta y me hace dudar y vacilar; esa duda que me hace cometer estupideces con el fin de resolverla. Y así he perdido a la gente a la que quiero. Y pretendo no dudar, y no preguntármelo, y no pensar en ello, pero es inevitable. Cuando necesitas algo desesperadamente y alguien te lo proporciona, no puedes evitar la sensación de profundo afecto y cariño por esa persona. Y piensas, ¿porqué me ayuda? ¿Porqué me ofrece lo que necesito? ¿Porqué es tan buena conmigo? ¿Porqué sigue a mi lado? ¿Quizás es que le gusto? Es entonces cuando recuerdas que no necesariamente una persona ha de amarte para echarte una mano, y que no necesariamente ha de estar enamorada de ti para querer estar a tu lado, apoyándote.
Y me digo: "Tonto, Alex, tonto... ¿Porqué insistes con eso? ¿No te das cuenta de lo que haces?" Pues claro que me doy cuenta. Así como siento lo que quiero sentir, veo lo que quiero ver, y lo que quiero ver me oculta la verdadera realidad. Qué bien vemos todo cuando se trata de las relaciones ajenas, pero qué cegados estamos cuando se trata de las nuestras. Por eso, a veces, me gusta desaparecer "a la francesa" y verlo todo de forma objetiva. Un par de días fuera ayudan a ver las cosas con perspectiva. Y aquí surge el gran problema: a la gente a la que has acostumbrado a estar ahí cada día no les sienta bien que desaparezcas así como así, se preocupan, piensan (muy equivocadamente) que ya no te importan... ¿Cómo explicar a alguien que vas a dejar de hablar con él para aclarar tus ideas sin que piense que estás cansado de vuestras conversaciones? ¿Quién en su sano juicio necesita dejar de hablar con quienes más quiere para aclarar sus pensamientos? ¿No debería ser al revés? No lo sé, puede que sí, puede que no. Quién soy yo para decidir cómo deberían ser las cosas. Pero el caso es que, lo haga como lo haga, soy incapaz de no decepcionar a la gente...
En fin, habrá que seguir el curso de los acontecimientos, algo que se me da de miedo, quedarme mirando sin hacer nada.
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